Alimentos para el buen humor

Bocados de alegría

Comer es un placer que lleva asociados agradables sensaciones y momentos de alegría. Algunos alimentos contribuyen muy especialmente a ello. Averigua cuáles le hacen más feliz y sírvele ración doble.


niña comiendo pasta

Sumario

 

La glucosa

La glucosa es un nutriente que nos hacen estar de buen humor: es el alimento predilecto del cerebro, y un cerebro bien alimentado proporciona calma y bienestar.
Dónde encontrarla: los cereales son la fuente principal de glucosa de los niños. Y lo saben bien; le ponen pegas a un plato de acelgas, pero jamás le harán ascos a uno de pasta, al arroz o al pan. Con la edad, el gusto por la pasta disminuye y aumenta la preferencia hacia otros alimentos. De momento, si la pasta le hace feliz, no se la niegues.

El triptófano

En los últimos años, algunos estudios se han centrado en el papel de ciertos nutrientes necesarios en la alimentación para el bienestar mental, entre los cuales se encuentra el triptófano, un aminoácido de los llamados “esenciales” –el organismo es incapaz de fabricarlo y ha de obtenerse a través de la dieta–. Utilizamos el triptófano para fabricar un neurotransmisor, la serotonina, especie de “mensajero” que permite a las neuronas comunicarse entre sí. Gracias a esa buena comunicación nos es más fácil controlar las emociones, reducir la tensión nerviosa, estar atentos, rendir en el cole y, en definitiva, sentirnos bien.
Dónde encontrarlo: el triptófano está presente en las proteínas de alimentos como carnes, pescados, huevos, y también en la leche. Tal vez por ello ha funcionado siempre el tradicional remedio de la abuela para dormir plácidamente: un vaso de leche templada antes de irse a la cama.

El secreto está en el equilibrio

Todos los alimentos contienen elementos que contribuyen a levantar el ánimo: las vitaminas y minerales de las frutas y verduras; los aminoácidos presentes en carnes, pescados, huevos, frutos secos, legumbres; los ácidos grasos del aceite de oliva y el pescado... Pero de lo que se trata es de lograr el equilibrio entre todos ellos, para que el bienestar sea constante y no suframos altibajos.
Un buen ejemplo de esto es la manera en que recurrimos a los dulces: un caramelo, un pastelillo o un bombón proporcionan instantes de intensa felicidad; sin embargo, un atracón de chuches produce justo el efecto contrario. Los hidratos o azúcares de absorción rápida producen un inmediato incremento de la glucosa sanguínea, y ya sabemos lo contento que se pone el cerebro cuando le damos su alimento preferido. Sin embargo, cuando sobrepasamos la cantidad prudente de dulce nuestro organismo segrega insulina con el fin de retirar enseguida la glucosa de la sangre y evitar que los niveles se disparen. En consecuencia, al poco rato el efecto euforizante del dulce desaparece.
Cómo conseguirlo: si el desayuno es escaso y dulce –un zumo y un vaso de leche azucarada, por ejemplo – el hambre hace acto de presencia más rápidamente que si se incluyen pan o cereales integrales y algún alimento salado –queso, por ejemplo –. Los niños que hacen este último tipo de desayunos van más contentos al colegio y tienen mejor rendimiento escolar que aquellos que se conforman con la leche y un par de galletas. Si quieres que su ánimo no decaiga, acostúmbrale a un buen desayuno y una merienda a media tarde. De este modo tendrá energía a su disposición hasta la hora de cenar.

Alimentos que levantan el ánimo

La naranja: rica en vitamina C, la vitamina del “buen humor”.
La lechuga: calma y relaja. Las hojas más claras se utilizan en ensalada, y con las más oscuras se preparan cremas y purés: ofréceselos a la hora de la cena.
Leche de avena: de sabor suave, dulce y rica en azúcares de absorción lenta. Puedes utilizarla para preparar arroz con leche y batidos de frutas.
Judías verdes: las legumbres más tiernas y fáciles de digerir aportan aminoácidos e hidratos de absorción lenta. Añádelas al puré o sírvelas, muy troceaditas y salteadas con un poco de aceite, como guarnición de sus platos de pescado.
Patatas: calman los estómagos delicados y son las hortalizas preferidas por los niños: en puré, hervidas, fritas...
Maíz: dulce y tierno, ponen la nota de color en las ensaladas.



Maite Izquierdo