Cómo transcurre un parto normal

Aprende a reconocer sus 3 etapas

El parto es una bonita historia que se desarrolla en 3 actos: dilatación, expulsión y alumbramiento. El epílogo de la obra: el precioso bebé con el que tanto has soñado por fin en tus brazos. Descubre qué pasará y lo que se espera de ti en cada una de estas etapas.


bebé dormido

Sumario

 

Cuánto tardaré en verle

La duración de un parto varía mucho de un caso a otro. Hay mujeres que pueden tardar entre 8 y 14 horas, sobre todo si son primíparas, y otras cuyo parto se reduce a la mitad de ese tiempo. Eso suele ocurrir con las que ya tienen experiencia en la maternidad. Pero hay otros factores que determinan cuánto va a tardar en nacer un bebé, como la posición de su cabecita en el útero, la altura a la que se encuentre, su tamaño con respecto a la pelvis de la madre… Incluso puede ocurrir que el parto se detenga o no avance como sería conveniente. En ese caso, el ginecólogo puede indicar la necesidad de aumentar la dosis de oxitocina a la paciente, de usar los fórceps o de realizar una cesárea.

La dilatación

La dilatación es la parte de todo el proceso más temida por muchas mujeres debido a su larga duración. Un cuello del útero bien abierto, tanto como para dejar pasar la cabecita del bebé. Este es el objetivo de esta fase del parto.

La fase de latencia: es tan lenta que puedes tardar hasta 8 horas en dilatar tan solo un par de centímetros. En este período, las contracciones duran 45 segundos y se producen en intervalos de entre 5 y 10 minutos.

La fase activa: las contracciones son más frecuentes e intensas. Ahora pueden durar hasta un minuto y sin apenas tiempo entre ellas. Este es el momento en que has de aplicar todo lo que has aprendido en educación maternal: elige las posturas más cómodas para ti y más convenientes para tu hijo, pasea por la habitación, recurre a técnicas de relajación y ejercicios de respiración que te ayuden a superar el estrés o pídele a tu pareja que te de un suave masaje en el abdomen.

Las mejores posturas para dilatar son las verticales –de pie, en cuclillas…–, aunque no podrás adoptarlas durante todo el proceso, ya que es posible que en algunos momentos tengas que estar conectada a los monitores fetales. En ese caso, tendrás que permanecer en la cama, pero puedes estar de lado o semiincorporada. Si optas por dar a luz con epidural, es posible que, una vez que te hayan puesto la inyección, sientas cierta debilidad en las piernas que te impida estar de pie o pasearte por la habitación.

En este vídeo, la Consejería de Salud de Andalucía informa sobre lo que debes saber sobre la fase de dilatación.

 

 

La expulsión

Cuando el cérvix está totalmente abierto y logras alcanzar los 10 centímetros de dilatación, el bebé ya tiene espacio suficiente para salir por el canal del nacimiento. Ha llegado el momento. Te trasladan al paritorio –también, dependiendo del hospital, podrías quedarte en la misma habitación en la que has dilatado donde pronto tendrás a tu hijo en brazos.

Esta es la fase del expulsivo, en la que el útero expulsa con fuerza al bebé hacia fuera mediante contracciones cada vez más largas e intensas. La presión de la cabeza hará que sientas enormes deseos de empujar, pero no debes hacerlo hasta que la matrona no te dé permiso para ello. Y es que si empujas cuando la dilatación no es aún completa, la cabecita del bebé podría inflamar el cuello del útero y dificultar su salida o provocar un desgarro perineal.

Haz tus ejercicios de respiración para controlar la necesidad de empujar y espera a recibir las instrucciones de la matrona, especialmente si te han puesto la anestesia epidural, que diminuye la percepción de las contracciones y el control de tus músculos.

Los pujos: Una vez te dé luz verde, empuja sin miedo hasta que la cabeza de tu hijo asome por tu vulva. Si el equipo médico que te atiende observa que el periné no es lo suficientemente elástico para dejar salir al niño sin desgarrarse, la matrona te practicará la episiotomía, un pequeño corte que antes se practicaba por sistema y ahora se hace de forma selectiva para evitar desgarros importantes que pueden afectar, incluso, a algunos órganos.

Cuando la cabeza del bebé está fuera, la matrona comprueba que no está enrollada por el cordón umbilical y la gira hacia un lado para que también se den la vuelta los hombros y puedan salir fácilmente al siguiente empujón. El resto del cuerpo saldrá después sin problemas.

La explosión de sentimientos que tienes en ese momento es increíble: cansancio, dolor y, sobre todo, una gran alegría por haber ayudado a traer a tu hijo al mundo.

Ya no puedes esperar para conocerlo, para tenerlo cerca de tu piel, ¿verdad? Pídele a  la matrona que deposite tu bebé sobre tu pecho, piel con piel. Este primer encuentro es el inicio de una relación intensa entre madre e hijo que durará toda la vida.

Estará manchado de líquido amniótico, de sangre, pero no querrás separarte de él cuando la matrona tenga que cogerlo para cortarle el cordón, secarle, abrigarle y llevárselo a su examen médico. En un ratito estará de vuelta, sano, calentito y dispuesto a tomar de ti su primera comida fuera del útero.

Observa con este vídeo cómo tu hijo gira sobre sí mismo en su viaje hacia el exterior.

El alumbramiento

Una vez nacido el bebé, seguirás teniendo contracciones pero serán más suaves. Y es que aún te queda expulsar la placenta y las membranas que han estado nutriendo y protegiendo a tu bebé durante largos meses. La matrona tirará suavemente del cordón umbilical y comprobará que salen enteras y que no queda ningún resto dentro del útero.

Por último, la matrona coserá la herida –en el caso de que se haya producido un cierto desgarro o te hayan practicado una episiotomía– y te dará un masaje en la tripa para prevenir una posible hemorragia. El objetivo es que al tocar el útero, este continúe contrayéndose y detenga el sangrado de los vasos sanguíneos.

En este momento, arranca otra etapa, la que te llevará a recuperar tu normalidad de mujer. Durará 40 días y se conoce como puerperio.



Magda Campos