Las bolas chinas para recuperar el suelo pélvico

El suelo pélvico es una de las partes del cuerpo más afectadas por el embarazo y el parto. Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecerlo pero puede que no sea suficiente. El uso de bolas chinas también mejora su estado. Patrocinado por Miorgasmo.com

 
Bolas chinas

La ganancia de peso, la presión del bebé sobre él y los esfuerzos para dar a luz son los grandes culpables de que el suelo pélvico se vea tan resentido después del embarazo y el parto. Mejorar su elasticidad durante la gestación ayuda a evitar parte de estos riesgos y reduce el número de episiotomías practicadas pero el trabajo con tu suelo pélvico no acaba cuando recibes a tu hijo en brazos y debe mantenerse durante el posparto.

Continúa con los ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel consisten en contraer voluntariamente los músculos de la vagina, el periné y alrededores del ano para mejorar su elasticidad. El periné es un músculo más de nuestro cuerpo y como tal puede ejercitarse con estas contracciones que te enseñarán en las clases de preparación al parto con el objetivo de evitar la episiotomía en el posparto. Una vez hayas dado a luz no debes dejar de hacerlos siempre que puedas pues tu útero y toda la zona vaginal aún está en proceso de recuperación y practicarlos ayuda a reducir la incontinencia urinaria y los problemas de prolapso o caída de la vejiga que presentan algunas pacientes.

Y también bolas chinas

El cuidado del bebé y el cansancio que acumulas, a parte de las molestias que notas en la zona vaginal, pueden hacer que no practiques los ejercicios de Kegel con la regularidad necesaria. Comprar unas bolas chinas es una práctica muy útil y habitual en el posparto ya que, para que no se caigan de tu vagina, contraerás de forma inconsciente el suelo pélvico, mejorando su estado.

Espera a que pase el puerperio para comenzar a usarlas y consulta con tu ginecólogo si no hay contraindicación para ellos. Cuando empieces a utilizarlas, hazlo poco a poco y progresivamente, primero con una bola y después con las dos. Intenta aguantar todo lo que puedas con ellas puestas y ve aumentando poco a poco el tiempo de uso: si el primer día aguantas dos minutos, procura que el segundo sean tres minutos; el tercero, cinco…

Si no eres capaz de sujetarlas y estas se precipitan de tu vagina sin que puedas evitarlo, coméntalo con tu ginecólogo para que valore el estado de tu musculatura, pues habría podido quedar más resentida de lo habitual.