Los 10 miedos más frecuentes en la infancia

12 estrategias para vencerlos

Es parte de su proceso de aprendizaje. Todos los niños pasan miedo a los animales, a la oscuridad, a los bichos... Pero, tranquila, los miedos razonables tienen sus ventajas. Por un lado, le harán consciente de los peligros reales de la vida y, por otro, una vez superados, fortalecerán su autoestima. Mientras tanto, tu misión es ayudarle a superarlos para que no le paralicen o se conviertan en fobias.


Sumario

 

Los 10 miedos más comunes

Si bien habrá miedos muy “personales” –le puede coger terror a la señora del cuarto piso o al sonido que emite un juguete–, lo habitual es que comparta sus sobresaltos con la mayoría de los niños alguna vez en su vida. Los más típicos son:

  1. La ausencia de los padres. Cuando las personas que les cuidan –especialmente, mamá– se alejan de su lado, sufren miedo al abandono. Se trata de un temor que suele aparecer antes del año, está muy acusado hacia los 2 o 3, y puede extenderse hasta los 6.
  2. La oscuridad. Es quizás el miedo más universal que surge alrededor de los 2 años. Cuando se apaga la luz, la imaginación se dispara, los ruidos se malinterpretan… y además, todo ocurre cuando él está solo en la habitación.
  3. Los desconocidos. El miedo a los desconocidos parece a muy temprana edad –hacia los 8 meses de vida– y puede durar bastantes años.
  4. Los ruidos fuertes, sobre todo si son repentinos. También aparece desde bebés, y se puede mantener más allá de los 5 años.
  5. Los médicos. La bata blanca se relaciona con el miedo al dolor, o con el hecho de no saber lo que le van a hacer.
  6. El agua de la piscina o del mar. Nace de nuestra propia condición de humanos, puesto que no podemos respirar bajo el agua. También puede surgir de una mala experiencia o de un aprendizaje mal encauzado.
  7. La altura. En principio, no suelen tenerlo –de hecho, los niños se tiran por el tobogán sin problemas–. Pero si detectan angustia en el adulto cuando se suben al columpio, entonces, pueden empezar a sentir que es peligroso.
  8. Los animales. Los perros suelen provocar algunos malos tragos. Se trata de un miedo fruto de alguna mala experiencia porque ellos, en principio, no suelen temerlos –se acercan a ellos, les acarician… hasta que un día el perro se revuelve, y le ladra o se le sube encima.
  9. Las personas disfrazadas. Alrededor de los 3 años aparece el miedo a las personas disfrazadas, las caretas… porque aún no saben que no son de verdad.
  10. Los monstruos, las brujas… Entre los 5 y los 7 años, surge el temor a los seres imaginarios que, por otro lado, tanto les atraen.

Cómo ayudarle

La mayoría de los miedos son pasajeros pero eso no quiere decir que no requieran tu atención. Éstas son nuestras recomendaciones:

  1. No le sobreprotejas. Ante cualquier situación tensa, ofrécele tu apoyo pero no te conviertas en su “salvador”. Dale las claves, muéstrale el camino para que él lo solucione, pero no se lo des todo hecho. Si supera la situación, saldrá reforzado de ella. Si se la solucionas tú, la próxima vez que le surja el miedo, no sabrá manejarlo.
  2. Evita trasmitirle miedos absurdos. “No toques al perro que te morderá”, “Si te subes ahí, te vas a caer” “Si no te comes la comida, te pondrás malito y te tendrán que poner una inyección”, “como te portes mal, te apago la luz”… Tu misión es generarle confianza en sí mismo, no crearle más inseguridad.
  3. Escúchale. Y hazlo con empatía, poniéndote en su lugar. No te tomes a la ligera sus miedos. Aunque a ti te puedan parecer absurdos en algunos casos, él lo está pasando mal. Procura trasmitirle con tus palabras y con tu actitud, que le entiendes. Háblale de tus propios miedos de cuando eras pequeña, de cómo los superabas...
  4. Trasmítele seguridad. No basta con el “no pasa nada”; tendrás que hacerle ver –y convencerle– que él es capaz de vencer esa situación. Confía en él.
  5. Ojo con tu actitud. Si se ha caído de un columpio, y en vez de levantarle del suelo con un “¡arriba!” acompañado de una sonrisa, acudes a ayudarle con cara de susto y preocupación, él lo notará e interpretará que el columpio puede ser peligroso.
  6. No le humilles ni permitas que los demás lo hagan. Si se pone a llorar porque tiene un miedo atroz a meterse en la piscina, por ejemplo, no te rías de él, ni critiques su actitud. Y por supuesto, tendrás que intervenir si otros niños le hacen burla. Pero si lo haces, procura dejar en una situación airosa a tu hijo, porque si no, corre el riesgo de que cuando te des la vuelta, la burla sea aún mayor.
  7. Ten en cuenta que los miedos se “heredan”. Si tú te cruzas de acera cuando ves un perro o pegas un grito cuando ves un bicho, tu hijo terminará sufriendo ese mismo terror. No pretendas que supere un miedo que tú no has superado.
  8. Cuidado con lo que tu hijo ve por televisión. Muchos miedos se desencadenan por la exposición del niño a una imagen impactante, violenta o cargada de agresividad.
  9. No le fuerces a enfrentarse con su miedo. Con actitudes como la sobreexposición a la situación que le produce temor, tu hijo se sentirá indefenso y lo único que conseguirás será agudizarle ese miedo.
  10. No evites la situación que le provoca miedo. Ni sobreexponerle ni evitarla. Se trata de ayudarle a enfrentarse a la situación con tacto y estrategia. Si, por ejemplo, está aprendiendo a nadar y el día que le sumergen la cabeza, comienza a llorar, no deberás cortar ese aprendizaje. Tendrás que darle la oportunidad para superarlo. Si se lo impides, sobreprotegiéndole y, en ese caso, suspendiendo las clases de natación, ese miedo se quedará enquistado y se agudizará con el tiempo.
  11. Utiliza la lectura de cuentos o canciones, en los que el protagonista haya superado el miedo.
  12. En último caso, acude a un especialista. Si consideras que los miedos impiden a tu hijo llevar una vida normal y están condicionando su desarrollo, llévale a la consulta de un psicólogo. Éste os ofrecerá unas pautas de actuación tanto a vosotros como al niño.

Asesoramiento: M.ª Jesús Álava, psicóloga educativa y clínica y directora del Grupo Álava Reyes Consultores.



Raquel Burgos